Isabel

Testimonio de Isabel (c) Maria Isabel Rivera / HelpAge International “En la actividad que realizo todos los días, presencio el maltrato y discriminación contra el adulto mayor. Pese a que desde ANAMBO hemos trabajado para eliminar la discriminación, no ha cambiado nada en absoluto. El adulto mayor es discriminado en el hogar porque en nuestro ambiente el tema del envejecimiento no se entiende.

La discriminación por edad se ha intensificado

Los hijos, la yerna, los vecinos no entienden y así empiezan la discriminación y el maltrato. Sin embargo, los que más discriminan son las instituciones. Si bien se está tratando de sensibilizar para prevenir la discriminación haciendo prevalecer la Ley 1886 (Ley de Derechos y Privilegios de las Personas Mayores), llama la atención cómo la discriminación se ha intensificado, especialmente en instituciones como el SERECI (Servicio de Registro Civil), donde un trámite de un adulto mayor dura más de 25 días.

Ese tema tiene un impacto fuerte sobe las personas mayores, más si son del campo porque se sienten amargadas de estar viniendo continuamente a la ciudad y que su problema no se solucionen. Es penoso porque generalmente vienen de lugares muy lejanos y nosotros tenemos que buscarles un lugar para que puedan refugiarse.

Con diferentes organizaciones hemos tratado de incentivar que las instituciones elaboren resoluciones sobre el trato preferente para los adultos mayores. Se ha logrado que muchas tengan resoluciones, pero no se cumplen, lamentablemente.

No me siento "vieja"

De joven no pensaba en envejecer, pero recuerdo que a mis 35 años seguí algunas lecturas para informarme y esto hizo que piense en que tenía que prepararme para envejecer. Empecé a cuidar mi alimentación y muchos detalles de mi salud mental. De tal manera que he llegado a tener una vejez que considero maravillosa, porque soy una persona sana, rara vez llego a un médico.

Mi mente está activa con valores positivos y no me siento "vieja", aunque hayan aumentado mis arrugas y ya no sea la joven buena moza que fui. Siento que tengo 35 años porque aporto a mi familia. Me levanto a las 05:30, dejo todo preparado y vengo a trabajar al Centro. Aunque no puedo negar que soy un poco lenta al caminar; sigo corriendo, sigo realizando actividades como si fuera joven, no hay nada en mi mente que me haga sentir envejecida.

El envejecimiento parece que causa mucha angustia a muchas personas, pero no a mí. Yo digo `en algún momento tendré que dejar mi actividad; pero creo que difícilmente voy aceptar quedarme en casa a mirar televisión".

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